• El intercambio de personas

    La cooperación por el intercambio de personas se basa en asignaciones de cooperantes en proyectos de desarrollo del Sur. Es una forma de cooperación en la cual ni el dinero ni la tecnología son prioritarios, sino el encuentro, el intercambio y el aprendizaje mutuo entre seres humanos del Norte y del Sur. Juntos trabajan para mejorar las condiciones de vida en los países del Sur.

    http://www.unite-ch.org/es/valores-basicos
  • VALOR AGREGADO

    La cooperación por el intercambio de personas genera con medidas adecuadas un impacto directo en el desarrollo en beneficio de la población desfavorecida en el Sur. Esta forma específica de cooperación contribuye a la vez para una Suiza humanitaria, comprometida y abierta al mundo.

    http://www.unite-ch.org/es/valor-agregado
  • Asociación

    Desde hace 50 años Unité, Asociación Suiza para el intercambio de personas en la cooperación internacional, se compromete a que la calidad de las asignaciones de los cooperantes se fortalezca, estableciendo estándares, ejecutando evaluaciones y estudios, así como brindando apoyo y la formación continua en favor de sus 22 organizaciones miembros.

    http://www.unite-ch.org/es/asociacion

Actualidades

La peor de las suertes de la población de El Hatillo, en el departamento caribeño del César ha sido, paradójicamente, la riqueza de su subsuelo. La pasible actividad campesina y pescadora de sus habitantes vivió un terremoto social cuando arrancó la explotación minera del carbón a cielo abierto en la región.  Desde hace más de siete años la comunidad negocia con varias multinacionales extranjeras -entre ellas la Glencore suiza, la CNR y la Drummond- un Plan de Acción de Reasentamiento (PAR). Espera en un nuevo hábitat poder superar el drama cotidiano actual de la contaminación – y las enfermedades derivadas-, el desplazamiento y el desempleo. Así como la fragilidad alimentaria, la inseguridad y la violación de sus derechos culturales. Tatiana y Francesco Gerber, cooperantes suizos de comundo, acompañan a la comunidad en esta compleja transición apoyando a la organización local ASOCAPROHA.

Por Sergio Ferrari*

“Es una realidad muy difícil, con gente desgastada por tantos años de espera, y con el agravante del asesinato el 7 de enero de este año de Aldemar Parra, joven dirigente del proyecto de apicultura sostenido por el PNUD”, explica Tatiana Gerber a manera de introducción. Formada en comunicación y con un Master en Políticas Públicas, acompaña desde su llegada a El Hatillo, hace ya más de dos años, a los 15 representantes comunitarios en la negociación con las empresas. “De ellos 6 han sido amenazados y sienten el peso de la inseguridad”, así como la presión de los pobladores para que se logren rápidamente los acuerdos.

 Las 190 familias residentes, unas 790 personas, de las cuales casi la mitad es menor de 17 años, “padecen un verdadero estancamiento social”.  Reciben un minúsculo subsidio mensual y un banco de alimentos con algunos productos básicos – arroz, sal, aceite etc.-. Se confrontan a escasas opciones de trabajo en las mineras o la fábrica de palma africana cercana y pagan el precio del desgaste creciente, resultado de la incertidumbre que padecen desde hace casi 90 meses.

Esperan que se logre un acuerdo con las multinacionales implantadas en la región para ser reubicadas en viviendas dignas y con tierras suficientes para sembrar. Anhelan volver a ser autosuficientes y poder vivir de lo que saben hacer: “trabajar la tierra”. Simplemente, la esperanza del futuro es poder recuperar la vida normal que tenían antes de que comenzara la explotación del carbón a gran escala.

Escasos progresos en los últimos 6 meses

En estos últimos seis meses el proceso de concertación se estableció entre las partes interesadas como permanente y regular, lo que quiere decir que se han realizado aproximadamente 36 sesiones de trabajo - unas 288 horas invertidas, explica Tatiana Gerber. Muchos de los desacuerdos están relacionados con las propuestas para compensar a las familias, explica.

Los representantes comunitarios han sido propositivos, pero lamentablemente, muy pocas de las sugerencias presentadas por la comunidad han sido aprobadas, señala Gerber.  “En la mayoría de los casos, son los líderes quienes han cedido, dado que se encuentran desgastados al igual que su comunidad. La concertación no ha sido fácil, es muy tensionaste”, enfatiza.

Como era de preverse, la comunidad no ha contado con suficientes garantías, no ha habido presencia de autoridades locales, regionales y nacionales de manera permanente. Sin embargo, se ha contado con presencia de algunas instituciones, pero estos no asumen un rol activo que pueda ayudar a llegar a consensos entre las partes. Los garantes invitados para acompañar las mesas tienen un rol muy restringido. Son más observadores que actores neutrales que contribuyan al esclarecimiento de propuestas.

Algunos de los temas pendientes esenciales sobre el que no hay acuerdo son: el reconocimiento del territorio en términos de área; la definición del modelo productivo ligado al número de hectáreas por familia para desarrollar un proyecto productivo. Así como el reconocimiento de los impactos intangibles causados a las familias por las demoras del reasentamiento.

“Que cada familia sea consultada”

Adicionalmente, existen otros temas que aún no han sido desarrollados. Uno de ellos es el de la consulta e información. “Es indispensable que se acuerde entre las partes la estrategia y los pasos a seguir para realizar la consulta familia a familia sobre el acuerdo”, subraya la asesora.

“La comunidad vive una permanente frustración por la lentitud y la complejidad de las negociaciones. A pesar de su dignidad y espíritu de resistencia, es dramático comprobar que los niños siguen naciendo y viviendo en tierras contaminadas y que los adultos mayores van muriendo -ya son tres en lo que va del año- sin gozar del derecho a un hogar digno”, explica Tatiana Gerber.

“El trabajo en El Hatillo es difícil porque es como luchar contra algo demasiado grande. Tenemos la impresión que las fuerzas son tan desiguales…que no es fácil imaginar una solución digna con reasentamiento en buenas condiciones y garantía de todos los derechos esenciales”, enfatiza Francesco Gerber, que en tanto educador especializado impulsa proyectos sociales y culturales en particular con los jóvenes.

Dura realidad cotidiana actual confrontada a la apuesta de un futuro mejor. Una contradicción que va más allá del Hatillo. “Es la expresión de un modelo productivo que no tiene en cuenta a las poblaciones locales, ni los impactos socio ambientales negativos”, concluye Francesco Gerber.

*Sergio Ferrari en colaboración con la Revista Praxis/UNITE, plataforma suiza para el intercambio de personas en la cooperación internacional

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La Glencore en el banquillo de los acusados

Sergio Ferrari*

Luego de más de 5 años de una rigurosa investigación en el terreno la Red Sombra de Observadores de Glencore acaba de publicar un informe sobre la presencia de dicha empresa en Argentina, Bolivia, Colombia y Perú.

El mismo establece los impactos y daños más graves de siete operaciones mineras de la multinacional anglo-suiza en dichos países.  Glencore Xstrata, con sede operativa y domicilio fiscal en el cantón helvético de Zug, es la cuarta empresa minera más grande del mundo y la primera comercializadora de materias primas a nivel global. Se encuentra entre las más importantes en cuanto a la producción latinoamericana de plata, cobre, estaño, zinc, oro y carbón. Controla y participa en las más grandes reservas mineras y ejecuta inversiones a gran escala como pocas empresas en la región.

La Red Sombra de Observadores de Glencore, congrega organizaciones no gubernamentales de Argentina, Alemania, Bolivia, Bélgica, Colombia, Filipinas, Perú y Suiza.

La motivación para lanzarse a tan esforzado trabajo -con los escasos recursos con los que cuentan en general las organizaciones de la sociedad civil- tiene una explicación histórica. Según los autores, “durante años pudimos constatar que la información que Glencore reportaba al mundo en sus informes de sostenibilidad era poco profunda, selectiva, incompleta y en ocasiones, contradictoria”. En síntesis, agregan, “la empresa posicionó una visión próspera del negocio extractivo, ocultando el verdadero alcance de su estructura empresarial y los graves impactos negativos para las comunidades y los Estados anfitriones”.

Entre ellos el gigantesco consumo de agua y los innumerables residuos y vertimientos contaminantes con graves repercusiones en materia de biodiversidad y equilibrio hídrico. Sin subestimar los impactos inciertos para la salud humana, pérdida de medios de vida para las comunidades locales y desplazamientos económicos y por contaminación.

El Informe de la Red Sombra denuncia el déficit en cuanto a la reparación integral de comunidades en las regiones afectadas y la falta de estudios sanitarios concluyentes. Enumera un gran número de investigaciones y sanciones ambientales contra la empresa. Y certifica la alta conflictividad socioambiental que produce su presencia en territorios con pocas oportunidades económicas y muy baja calidad de vida.

¿Por qué una empresa con la experiencia y capacidad de Glencore no ha respondido de manera adecuada las quejas y exigencias de las comunidades aledañas a sus operaciones en lo que al respeto de los derechos humanos se refiere?, se pregunta la Red Sombra.  Pregunta clave que no tiene respuesta. Aunque se perfila, a manera de hipótesis, la falta de voluntad política de la multinacional para respetar los derechos socio-ambientales y humanos de las poblaciones afectadas haciendo prevalecer, por sobre todo, su lógica de rentabilidad.

Como conclusión, la Red Sombra alienta a otras organizaciones, plataformas, movimientos sociales y comunidades a que trabajen de manera articulada alrededor del control corporativo y ejerzan el control social y veeduría desde los territorios para denunciar los grandes atropellos de los que sean víctimas.

*Colaboración de prensa de E-CHANGER

Foto: Sergio Ferrari

Entrevista con el filósofo suizo Patrice Meyer-Bisch, por Sergio Ferrari*

En un mundo en plena mutación el concepto mismo de solidaridad exige reformulaciones. Así lo subraya en esta entrevista exclusiva con Praxis/UNITE el filósofo suizo Patrice Meyer-Bisch, presidente del Observatorio de la Diversidad y de Derechos Culturales de la Cátedra UNESCO. Hasta septiembre 2016, coordinaba el Instituto Interdisciplinario de Ética y de Derechos Humanos de la misma Universidad de Friburgo.

P: Vivimos en un planeta que se mueve entre un mercado globalizado y el aumento de muros, y miedos hacia “el otro”, hacia lo distinto. Un espacio resbaladizo para hablar de solidaridad y de cooperación…

Patrice Meyer-Bisch: Un marco universal que admite dos lecturas. La pesimista, que incluye las guerras, las exclusiones, y un acentuado individualismo de masa. Con un mercado ilusoriamente “globalizado” ya que solo beneficia a una pequeña parte del planeta. Donde predomina la lógica de los oligopolios y del capitalismo salvaje. Con la nueva política norteamericana que busca crear muros para controlar personas y la economía. No es un liberalismo en el sentido clásico ya que las libertades de cada uno no son consideradas.

La otra visión, más optimista, admite una situación de crisis con espacios para la innovación. Lo vemos también en el plano cultural: no se hablaba prácticamente nada de derechos culturales hasta hace algunos años. Hoy, son muchos los que insisten en que no se trata de un pilar más sino de la base misma para definir el tipo de desarrollo que queremos. E insisten en la necesidad de fundamentar la importancia de los derechos humanos en la economía.

P: ¿Ante este complejo contexto mundial cual es el principal desafío de la solidaridad internacional?

R:  El de clarificar y definir qué son las libertades económicas. ¿Por qué no hablar, por ejemplo, de libertad económica de los pobres? Cuando un ser humano no tiene un peso en su bolsillo para comprar o vender, ni para asegurarle lo esencial a su familia, se trata de un ser profundamente humillado. La libertad económica de los pobres es absolutamente central, tan importante como la libertad de expresión, de circulación etc.

Pienso que el concepto central de libertad económica de los pobres -y por lo tanto de las obligaciones económicas de todos-, es una forma real de pensar y ejercer la solidaridad, en tanto medio para asegurar el derecho de cada uno a alimentar a su familia y a sí mismo. Tan importante, insisto, como los otros derechos humanos.

P: En esa lectura, ¿cómo se integra el concepto de solidaridad entre el “Norte” y el “Sur”?

R: Intentamos alejarnos de las amalgamas retóricas. Es decir, no hablamos de naciones ricas y pobres – si bien existen diferencias notables entre países-, sino sobre todo de gente más rica que otra. La explotación que los ricos hacen de los pobres se da en cada país. Hay muchísimos ricos en los países que se catalogan como “pobres” y gente inmensamente pobre en Zúrich o en Ginebra.

Las simplificaciones conceptuales benefician a los diferentes tipos de conservadurismos. Por ejemplo, a los Gobiernos de los países que se denominan “en vía de desarrollo”, que enarbolan su pobreza para conseguir ayuda internacional. Y a los países del “norte” que hacen un poco de cooperación pero que no atacan los problemas verdaderos y estructurales. Por ejemplo: la indiferencia ante el escándalo de la venta al Sur de productos petroleros con 350% más de azufre y tres veces más tóxicos que lo permitido aquí, lo que significa recetar la muerte colectiva de ciertas poblaciones, en la indiferencia total y la irresponsabilidad total de los culpables. O la aceptación de los salarios desmesurados. El año pasado el director de la empresa Novartis ganó 1 millón de francos mensuales (ndr: en torno de 1 millón 100 mil dólares estadounidenses). ¡Es un crimen económico! Sin embargo, estas realidades no producen grandes reacciones a no ser de algunas ONG y de una parte pequeña de la población.

P: ¿Qué significa entonces promover una verdadera cooperación solidaria?

Un ejemplo concreto. Trabajamos desde el 2000 en Burkina Faso para elaborar indicadores de derecho a la educación de base. Comprobamos que las leyes allí están en conformidad con los textos internacionales. Sin embargo, a pesar de la gran ayuda internacional, existe una tasa de analfabetismo de cerca del 75%. Esto se explica porque la escuela es neocolonial, y las clases se dictan en francés, cuando solo el 6% de la población lo habla.  

La gente analfabeta no quiere enviar a sus hijos a la escuela, no por ignorancia, sino porque tienen un concepto fuerte, inteligente y correcto del tipo de escuela que quisieran tener. Rechazan ese tipo de institución neocolonial que atenta contra sus raíces y amenaza su propia cultura.

La verdadera cooperación es la que se da entre actores diversos, con activa participación de la gente y alrededor de valores profundos como el tipo de educación que desean transmitir a sus hijos.

Participación en todos los niveles: las escuelas, comunidades, asociaciones de madres y de familiares.  En este ejercicio, el factor humano es clave.

P: ¿Este ejercicio que usted describe conlleva a un cuestionamiento de la cooperación occidental o “norte” tradicional?

R:  Sin duda. La cooperación es centralizada. Busca reproducir modelos conocidos pensando que se pueden transportar y aplicar en países pobres. Con la idea de que falta todo, incluso inteligencia. Y sin aceptar otra perspectiva: una persona o población pobre son potencialmente ricos y la pobreza se debe a que sus derechos esenciales son violados. Se puede ir para observar, acompañar con respeto, para reforzar. No vamos para “medir la pobreza” y trasladar nuestras lógicas de evaluació, de impacto, de efectos. Como que si nosotros tuviéramos la verdad y supiéramos todo mejor…

P: ¿Este nuevo paradigma implica la búsqueda de propuestas alternativas?

R:  No me gusta el concepto de alternativo, que supone que existe un modelo único, principal, dominante. Hay que reformar todo, cambiar de paradigmas, encontrar un lenguaje auténtico de derechos y libertades económicas, y darle un sentido mucho más poderoso a la democracia.  Es decir, aplicar lo que nosotros definimos como la visión basada en los derechos humanos en desarrollo.

Chico Withaker en el FSM de Tunes

Foto: Sergio Ferrari

Los interrogantes que flotaban sobre el futuro del movimiento altermundialista luego del último Foro Social Mundial (FSM) de Quebec de agosto del 2016 parecen comenzar a decodificarse. El Colectivo Brasilero del FSM 2018 acaba de ratificar su decisión de convocar en el campus universitario de la Universidad Federal del Estado de Bahía, en la ciudad de Salvador, a un evento mundial temático entre el 13 y 17 de marzo del año próximo.

Por Sergio Ferrari* 

Propone que el tema central del mismo incluya los Pueblos, Territorios y Movimientos en Resistencia. Y según un comunicado público de inicios de junio, reconoce que “las frases que impregnaron nuestros debates” en estos meses, como posibles lemas fueron: *Resistir es Crear, Resistir para Transformar*; “Resistir es Crear y Transformar, Resistir es Necesario* y, “Resistir es Crear, Existir y Transformar”.

Dicho Colectivo reúne ya una centena de organizaciones y “sigue en crecimiento”. Y será gestionado por un Grupo Facilitador compuesto por 20 miembros, representantes de “organizaciones y movimientos sociales bahianos, de entidades brasileras presentes en el Consejo Internacional y de organizaciones y movimientos de dimensión nacional representativas de la diversidad de las luchas”.

Saliendo al cruce de toda crítica sobre una eventual manipulación político-coyuntural de la convocatoria bahiana, los organizadores recuerdan que, si bien 2018 será un año electoral en el país sudamericano, la autonomía de la sociedad civil está asegurada.

A pesar de los comicios nacionales del 7 de octubre del 2018, “la autonomía de los movimientos sociales” que participan de la convocatoria, “será preservada, en consonancia con la Carta de Principios del FSM” (documento fundante de referencia de 14 puntos de junio del 2001), ratifica el Colectivo Bahiano. Quien anticipa que en conjunto con el Consejo Internacional se busca la participación amplia de los movimientos sociales de los diferentes continentes.

Visión de uno de los “fundadores”

En un texto recién enviado al Consejo Internacional para su discusión, Francisco Chico Whitaker, uno de los fundadores del Foro Social Mundial afirma que esta convocatoria “es una prueba de la voluntad de movilización planetaria para superar el capitalismo a pesar de su avance avasallador en el proceso de globalización de la economía”.

Y recuerda que doce años después de la caída del Muro de Berlín (noviembre 1989), la convocatoria del primer evento del FSM en Porto Alegre en enero del 2001, vino a confrontar el pensamiento único que pretendía vender la idea que “fuera del mercado no hay alternativa”. Tuvo un impacto simbólico y de comunicación extraordinaria porque “organizamos este evento a favor de Otro Mundo Posible, en la misma fecha y en paralelo al Foro Económico de Davis”, recuerda Whitaker en entrevista con este corresponsal.

Los actuales desafíos de los movimientos sociales brasileros – y partidos de oposición- son extremadamente semejantes a los de los movimientos y partidos de izquierda en otras regiones del mundo, en especial en América Latina, pero también en el propio hemisferio norte, asegura Whitaker. Para quien el proyecto de Trump en Estados Unidos, es “solo un ejemplo contundente de lo que sucede en muchos otros lugares, con el crecimiento del fascismo, la xenofobia, y las propuestas de derecha”. Por tanto, es “extremadamente importante un encuentro mundial de militantes promotores de acciones de resistencia para intercambiar experiencias y articular nuevas alianzas”, subraya.

Clarificar conceptos y estrategias

Para el Premio Nobel Alternativo 2006, dos aspectos adquieren una importancia esencial en esta fase de la convocatoria del evento de Salvador de Bahía en 2018:  la naturaleza misma del Foro, así como los desafíos actuales y futuros del Consejo Internacional, en tanto instancia facilitadora.

La propuesta bahiana, según Whitaker, se sitúa dentro de la “intuición de un nuevo tipo de Foro Social: los Temáticos”. Que tienen como punto de partida como los demás foros (locales, regionales, nacionales) su carácter de “espacio abierto”, creado de abajo hacia arriba por Comités Facilitadores y por tanto con actividades auto-gestionadas.

En verdad, reflexiona con optimismo, “constatamos que al enfocarse en luchas precisas se llega más directamente a propuestas concretas y articulaciones de acciones”. Por otra parte, los Foros Temáticos, “tienen otra ventaja: nada impide que la gente regrese a sus lugares/regiones/países con rumbos comunes trazados, incluso con Declaraciones Finales”. Sin por ello entrar en contradicción con la Carta de Principios que no autoriza ese tipo de declaraciones cuando se trata de un FSM, general o global.

Nada impide, subraya Chico Whitaker, que este tipo de eventos como el que se convoca en Bahía en marzo del 2018 sea denominado de *mundial* y todos los Foros Sociales son ya internacionales. Y anticipa que es en esta perspectiva y con esta visión que se convocará en noviembre del presente año un Foro Social Mundial Temático Antinuclear en París, Francia.

La multiplicación de Foros Temáticos Mundiales sería un buen método para “apoyar la expansión y la interconexión de todos los otros tipos de foros, en la construcción de grandes redes planetarias necesarias para confrontar eficazmente al monstruo capitalista mundial”, enfatiza Whitaker continuando con su reflexión.

Un camino viable, además, para destrabar el proceso del FSM. “Constatamos que se corre el riesgo con eventos mundiales generales -no temáticos- de caer en un cierto vaciamiento de contenidos, la repetición de *más de lo mismo*, es decir, una cierta burocratización del proceso”, advierte.

La redefinición funcional

La adopción de la estrategia de os Foros Sociales Mundiales Temáticos, “podría ser también un buen mecanismo para resolver en parte el gran problema de la crisis interna que vive hoy el Consejo Internacional del FSM”.

Creado luego del 1er foro de Porto Alegre en el 2001, el Consejo, considerado una instancia de facilitación – y no de dirección o de conducción-  desde hace algunos años vive una parálisis creciente.

En su último encuentro de enero pasado en Porto Alegre solo participaron unos 30 representantes, sobre un total de 170 que lo integran, constata Whitaker. Quien en 2015 en Tunes había propuesto, de forma casi provocadora, desintegrar el Consejo Internacional, al que consideraba ya entonces un “elefante pesado” de poca operatividad y casi ninguna capacidad de reacción/proposición.

En esa perspectiva de “racionalidad”, propone Whitaker, dicho Consejo podría reunirse una sola vez por año, durante una semana, para profundizar análisis de coyuntura y proponer nuevos caminos para enfrentar al neoliberalismo. Podrían participar todos los facilitadores de los distintos tipos de foros en el marco del FSM, que se siguen realizando en distintas regiones y con diversas temáticas, “al servicio de la construcción de otro mundo posible”.

Y en el marco de esa reflexión animada, de contenidos, representativa de dinámicas realmente existentes, “se vea necesario y útil, se podría evaluar la realización de un gran Foro Social Mundial abierto a todas las temáticas, para alimentar la esperanza de todos”, sugiere el intelectual y militante antinuclear brasilero.

Revolución de formas; reconceptualización de instancias de las iniciativas altermundialistas… La propuesta de reconceptualización de Chico Whitaker no se detiene solo en formas y funciones. Sino también en simbologías: “¿Por qué no imaginar una primera reunión de ese nuevo tipo de Consejo Internacional, ya en enero del 2018, en paralelo nuevamente al Foro de Davos en una ciudad como Porto Alegre?”, concluye interrogándose.

*Sergio Ferrari en colaboración con E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria, activamente presente desde 2001 en el proceso del Foro Social Mundial